“Millennials” un ejemplo sobre estereotipos y prejuicios

Cuando doy cursos sobre diversidad en empresas uso la siguiente frase: “…los prejuicios y los estereotipos los usamos pero no sabemos quién los construyó, cuándo aparecieron, cuál fue su función y porqué se mantienen; pero igualmente seguimos usándolos y enunciándolos como propios, válidos y verdaderos…”.

Recordé esta frase porque hace unos días en Facebook vi un vídeo de un sketch de dos minutos y medio que “ironizaba” una entrevista laboral que hacía un Baby Boomer a una chica “millennial” (ver el siguiente vídeo). Me reí algo con algunos argumentos — debo aceptarlo-, así como con las actuaciones. Después miré los comentarios que dejaban las personas al vídeo -me asuste -, me di cuenta que estaba presenciando en vivo, y siendo parte, de como se conforman los estereotipos y prejuicios.

 

 

Dos de los comentario de quienes lo vieron fueron: “Se hacen odiar solos” y “triste pero cierto”… en dos comentarios pude observar un fenómenos altamente complejo. Primero tomemos y vinculemos una emoción: “el odio” que se suscita frente a algo “que esta mal”; y que es confirmada y validada por la siguiente frase: “todas, todos, todes les millennial son así”, por ende debe haber una consecuencia, un castigo ¿cuál debería ser la respuesta social? ¿no darles trabajo, no contratarlos? generar el acto discriminatorio que vulnere uno de sus derechos humanos.

¿Qué entendemos por millennial? también llamada Generación Y, del inglés millennial generation, o la generación nacida en el nuevo milenio. En 2013, un estudio generacional mundial realizado por PriceWaterhouseCoopers con la Universidad del Sur de California y la Escuela de Negocios de Londres [1] definió a la generación del milenio como aquellos nacidos entre 1984 y 1999.

A la fecha que escribo y publico este texto, quienes estamos vinculados con las áreas de Recursos Humanos, lo usamos como sinónimo de la generación de personas que, entre los 20 y 33 años, están ingresando, buscando trabajo, o son los más jóvenes de las empresas. Es decir que lo único que tienen en común estas estas personas es el espacio temporal de su nacimiento, ¡nada más!.

Eso, que no eligieron como el momento de su nacimiento ya les implica estereotipos y prejuicios. Comencemos a definir. El prejuicio es la acción y efecto de juzgar las cosas sin tener cabal conocimiento, o antes del tiempo oportuno, lo cual lo vuelve en una opinión previa acerca de algo que se conoce poco o mal. Por ejemplo “el árabe es fundamentalista”, “el gay es afeminado”, “la mujer es débil”. Estos conceptos son culturalmente aprendidos y socialmente validados. El estereotipo consiste en una imagen estructurada y aceptada por la mayoría de las personas como representativa de un determinado colectivo. Esta imagen busca generalizar las características de los miembros de ese grupo: “Todos los árabes son fundamentalistas”, “todos los gays son afeminados”, “todas las mujeres son débiles”. Como función cultural pareciera poder ubicar los procesos de Identidad, del “Nosotros” y “Los Otros”, pero en clave de inferioridad, falta, minimización.

La maravillosa máquina que es nuestro cerebro tiene sus límites, por eso busca ahorrar energía en sus múltiples procesos para enfocarse en lo que le parece más importante. Usamos los prejuicios y estereotipos como caminos cortos para ahorro del sistema mental de atención. Para entender el mundo no buscando información adicional que contrarreste, o valide, para saber si estamos cayendo en un error. Esa máquina maravillosa con una alto cúmulo de inconsciencia comete errores y barbaridades. Por esa inconsciencia podemos llegar al daño emocional y psíquico de otro ser humano, vulnerarle algún derecho, su inclusión y permanencia en nuestra sociedad. Negarle su igualdad, dignidad y ciudadanía.

Los tres puntos para iniciar la construcción cultural de algún grupo estigmatizado están en los comentarios sobre este vídeo de la entrevista: la generalización de una serie de características, más una emoción como el odio que borra la voluntad de quien pronuncia el juicio; y para cerrar el acto: la eliminación de un derecho. Estamos presenciando ese fenómeno que describía en el primer párrafo, el momento en que nuestra sociedad esta fabricando, produciendo y validando un prejuicio y construyendo un estereotipo.

A este punto recordé otro video (ver aquí) que circulo todavía más en redes sociales ya que fue aplaudido por quienes lo posteaban. Una entrevista a Simon Sinek, escritor y motivador inglés, que comenta que lo principal en los millennials es “que se creen con derechos”, y después, con un sofismo que usa como encantador de cobras, banaliza diciendo que los derechos que buscan son “comida gratis y tener un puff”, y que aún así siguen siendo infelices. Después plantea El Punto: ”…es que les falta…” ese es el gran argumento que la cultura dominante usa para denigrar a los otros: La Falta. A los indígenas la falta de alma; a las mujeres capacidad e inteligencia; a los gays ser “masculinos”; a las personas con discapacidad una multiplicidad de faltas que los volvió “inválidos, idiotas, especiales”. Esa falta es la que nos infantiliza, nos hace vernos inferiores y pareciera que con menos derechos.

 

A mitad del vídeo Sinek trata de ser compasivo y dice “no es su culpa, les toco una mala situación”… — creo que todos los millennial deberían erigirle un monumento por esta expiación y victimización que él les ha otorgado- y le hecha la culpa al placer que genera la dopamina secretada por la aceptación que les da el like de las redes sociales. Como si a los más grandes la adulación del jefe, el tener éxitos, ganar más dinero, creerse más interesantes, los logros que la sociedad de consumo nos ha impuesto no fueran ese like que los millennial encuentran en las redes sociales. Cada generación tiene su propia droga y adicción que les hace querer más. Este pensador inglés dobla la apuesta y les compara con personas adictas a algún estupefaciente, alcohólicos o fumadores. Es decir tenemos un grupo etario que busca derechos y tener placer y disfrute en la vida, pero que a ojos de los adultos son unas y unos adictos que la sociedad ha de alinear.

La literatura alrededor de los grupos etarios vinculados con el mundo empresarial esta creciendo, se están generando programas internos en las organizaciones en búsqueda de la conciliación con la Diversidad Etaria. Se dan talleres y cursos. Se habla y discute con el objetivo de hacernos ver que el tener diversos grupos, de diversas edades, vuelve más competitivas a las organizaciones. Sin embargo las generaciones más grandes, ya desde hace unos cinco años, venimos construyendo, a partir de la observación individual y subjetiva, una caracterización de menosprecio de quienes son menores a los 33 años.

Considero que es hora de colocar a ese sujeto millennial en el centro de las preguntas, respuestas y soluciones (en interlocución con las otras generaciones). Porque nos guste, o no; por que creamos que son imposibles, o lo mejor que nos ha sucedido como sociedad: están con nosotros. Son el presente y futuro de las organizaciones y son quienes, por suerte, nos mueven el piso para pensar los cambios de paradigma. Además es la generación que abre las puertas hacia las nuevas generaciones: la Gen Z que seguro sucederá y amplificará varios de estos comportamientos.

Así que “ Deal with It bro’ and hugh” Busquemos armar un mundo donde cabemos todas, todos y todes con nuestras diferencias.

Para cerrar, la pregunta que debe importar es ¿qué piensan los ciudadanos que tuvieron el destino de nacer entre los años 1984 y el año 2000 acerca de lo que se dice de ellos?, ¿les gusta o les duele?, ¿les importa poco o mucho?, ¿creen que desde el principio ya deberán lidiar con prejuicios, y que solo una de sus actitudes será leída desde la preconcepción del constructo millennial y que serán evaluados por ella para quedar estigmatizados y quizá expulsados?

Notas

[1] Ver el estudio completo en el siguiente link: https://www.pwc.com/gx/en/hr-management-services/pdf/pwc-nextgen-study-2013.pdf

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