¿Por qué si nos duele lo seguimos haciendo?

January 9, 2018

 

En lo cotidiano usamos palabras que son estereotipos, descalificaciones sobre diversos grupos poblacionales. Muchas veces las usamos “sin pensar”, otras las usamos con intención de herir, menospreciar, o para defendernos, o ganar una especie de “pelea verbal”.

 

Realice un pequeño experimento. Le pedí a diez familiares y personas conocidas que escribieran las palabras descalificadoras que les ocurrieran frente a ciertos grupos poblacionales. Posteriormente debían responder dos preguntas: ¿Qué sientes cuando escribes y lees esas palabras? y ¿Por qué crees que las personas las usamos?.

 

Todas las personas respondieron igual: se sentían muy mal al pensar las palabras negativas, y más al escribirlas y leerlas. Varias se sorprendían verse pensando en ellas; sobre todo verse usándolas cotidianamente frente a diversas situaciones: desde bromas, hasta para definir a otras personas y menospreciarles.

 

Otra característica de las respuestas es la “inconsciencia de su uso”, es decir, la forma automática en que las usamos, “sin pensar” o “sin analizar” su significado e impacto. Inclusive alguna comentó que son palabras que se usan “de manera tan normal” que no se cuestionan.

 

Dos personas se preguntaron ¿de dónde vienen esas acepciones y qué quieren decir? De muchas de las palabras no se sabe su origen, o incluso significado real se perdió en el mar de su uso discriminatorio. Para una persona el significado y la definición de algunas de las palabras usadas no tienen relación lógica con el grupo que “buscan definir”.

 

Dos mujeres comentaron que al usar las palabras ofensivas que se usan para definir a los grupos con las cuales se identificaban, por ejemplo: mujer, lesbiana, evangélica, judía… sentían emociones del tipo rabia e impotencia ya que se veían tocadas, vulneradas por una construcción cultural que busca menospreciarlas y disminuirlas a partir de significados.

 

Esta primer parte del ejercicio confirmó una especie de hipótesis: si se es consciente sobre el uso de ciertas palabras causan una emocionalidad negativa, de culpa o vergüenza, que pueden funcionar como auto-censura para su no uso indiscriminado.

 

Frente a la pregunta sobre por qué creían que las usábamos, las respuestas fueron variadas. Algunos coincidieron que por imitación o por buscar pertenecer a un grupo de amigos (afinidad e integración del “Nosotros”), esto incluye un proceso de acostumbramiento (o costumbre que es parte de la Cultura) en su uso, asimilación y reproducción.

 

Un colega comentó que pueden ser un pretexto subjetivo para no respetar al diferente juzgándole, menospreciándole, estereotipándole y prejuzgándole. Otra persona comentó que usar estas palabras busca dejar en claro y acentuar que no se es parte de ese grupo.

 

Esto promueve la construcción de Alteridad, que en palabras de Rosa Cobo Bedia[2], es la Conciencia del Otro pero desde una clave de desigualdad e inferioridad.

 

“Esta Alteridad (u Otredad, aquí se usarán como sinónimos) generan una interpelación entre conciencias que siempre generará conflicto. Este conflicto sobre la conciencia de la existencia de un Otro puede tener dos posibilidades: La Igualdad, o la Desigualdad sobre lo Diferente. (Este Otro ha sido designadas desde una ‘Norma’ que es anglosajona -del norte-, heterosexual, católica, patriarcal, con un físico ‘completo y funcional’, socio-económicamente clase alta [3]) . A partir de esta norma los Otros son construidos como Alteridad Pura, pero no en clave de reciprocidad o igualdad, sino de jerarquía; construidas como inferioridad.” [4]

 

También se mencionó que estas palabras se usan como un ejercicio de poder para discriminar y condenar a quien es diferente, señalar la no pertenencia, la Otredad: descalificando, denigrando y despreciando al otro.

 

La discriminación, la desigualdad, la exclusión tiene distintas aristas. Se puede leer desde distintas epistemologías para tratar de entenderles, pero queda claro que no se puede comprender en su totalidad desde solo una de ellas, y sobre todo, pareciera que estudiar estos fenómenos no llevan a ninguna solución o respuesta.

 

Desde mi quehacer profesional en las empresas, las organizaciones e instituciones, los colegios y la clínica privada estoy convencido que hay formas de contrarrestarlo. Son proceso lentos, a veces integrales, pero sobre todo requieren del compromiso de las personas, los líderes y de un seguimiento continuo y no solo de acciones aisladas.

 

Notas

[2] Teórica feminista española, escritora, profesora titular de Sociología de Género y Directora del Centro de Estudios de Género y Feministas de la Universidad de Coruña.

[3] Nota del Autor.

[4] Notas libres tomadas de la Conferencia Magistral de Rosa Cobo Bedia “La alteridad. Un debate abierto en el mundo del trabajo” durante la 2ª Jornada Internacional de Diversidad & Inclusión: Nosotr@s, organizada por la R.E.D. de Empresas por la Diversidad de la Universidad Torcuato Di Tella el día miércoles 6 de diciembre de 2017.

[5] Al entrecomillar la palabra sinónimos no quieren decir lo mismo en el sentido que la acepción sinónimo tiene en nuestra lengua castellana, sino que las personas, al momento de usarlas para definir La Otredad, las usan como sinónimos de estos grupos.

[6] La sección “definiciones” busca usar las descripciones que usan las personas para hablar sobre qué son, o qué hacen estos grupos.

[7] En una siguiente version se podría generar una tabla con varias entradas por país de orígen de la palabra descalificadora usada.

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